“No creo que ser cantor revolucionario signifique sólo cantar canciones políticas. Profundamente revolucionario es salvar los valores de nuestros pueblos de la penetración imperialista. El canto mapuche, el canto quechua, el canto aymará, tienen tareas que cumplir en las transformaciones de nuestro continente.”

Víctor Jara Fue un artista múltiple, al igual que Violeta Parra y Patricio Manns. Su creatividad la plasmó principalmente en el teatro como director y actor; y en la música como intérprete y compositor. Los últimos 4 años de su vida, los dedicó a desarrollar una intensa actividad cómo intérprete y compositor; lo que fructificó en una vasta obra, la cual es una de las más importantes de la música popular chilena.

Nace el 28 de Septiembre de 1932. Su infancia transcurre en Lonquén, localidad cercana a la capital.

Su nombre completo es Víctor Lidio Jara Martínez, hijo de padres campesinos, inquilinos de la pequeña localidad de Quiriquina, ubicada a doce km de Chillán Viejo. Su padre, Manuel Jara, se desempeñaba en las típicas labores del campo. Su madre, Amanda, originaria del sur de Chile, era una cantora popular.

La familia la componían seis hermanos de los cuales Víctor era el menor. Alrededor de los siete años Víctor Jara se vio obligado a acompañar a su familia en las labores del campo. Aún, bajo estas condiciones, Víctor conoció muy de niño nuestra tradicional música campesina gracias a su madre, quien se preocupo que sus hijos tuvieran educación, mandándolos a la escuela. Su madre muere cuando sólo tenía 15 años, y eso significó la disolución de la familia y un gran sufrimiento para Víctor Jara.

En su juventud vive en la Población Nogales en Santiago, en casa de la familia de un amigo de niñez. Por un tiempo abandona los estudios y trabaja con el padre de su amigo como transportista. Más tarde, por consejo del padre Rodríguez ingresa al seminario de la Orden de los Redentoristas en San Bernardo.

 

 

Víctor Jara recuerda así esos momentos:

“Para mí fue una decisión muy importante ingresar al seminario. Al pensarlo ahora, desde una perspectiva más dura, creo que lo hice por razones íntimas y emocionales, por la soledad y la desaparición de un mundo que hasta entonces había sido sólido y perdurable, simbolizado por un hogar y el amor de mi madre. Yo ya estaba relacionado con la iglesia, y en aquel momento busqué refugio en ella. Entonces pensaba que ese refugio me guiaría hacia otros valores y me ayudaría a encontrar un amor diferente y más profundo que quizá compensaría la ausencia de amor humano. Creía que hallaría ese amor en la religión dedicándome al sacerdocio.”

Fue en el colegio seminario que tuvo la suerte de tener contacto con la música “docta” europea; aprendió canto gregoriano. Pero Víctor, sólo duró dos años en el seminario, se retiró por falta de vocación en el año 1952. A los diez días de haberse retirado del seminario, fue llamado al servicio militar.

Más tarde, como integrante del Coro Sinfónico de la Universidad de Chile en 1957, participó en la ejecución de obras cómo “Carmina Burana” de Carl Orff, la “Novena Sinfonía” de L.van Beethoven y el oratorio “El Mesías” de G.F. Gaëndel. A finales de 1954, Víctor viajó al norte con un grupo de amigos del coro, para recoger e investigar música popular de la zona. Empezó a redescubrir el patrimonio musical heredado de su madre.

Desde 1958 a 1962 fue miembro del conjunto “Cuncumen”, desarrollándose como solista y realizando labores de recopilación folclórica. Víctor Jara también estudió en la Universidad de Chile durante los años 1957-1960; allí aprendió Actuación y Dirección en la Escuela de Teatro.

Desde el año1963 hasta 1968, fue fundador y director del conjunto de Cantos y Danzas folklóricas de la Casa de la Cultura de Ñuñoa. Incluso en estos años fue director artístico del conjunto “Quilapayún”.

 

 

Hasta el año 1969 realizó una intensa y exitosa carrera como Director de Teatro. En 1966 inició su carrera como solista en “La Peña de los Parra” y con la grabación de su primer disco LP como compositor y solista, para el sello Odeón. A partir de 1969 se dedica entero a la actividad musical, el mismo año en que obtuvo el Primer Premio en el festival de la Nueva canción Chilena con “Plegaria a un labrador”.

Violeta Parra vivía en La Reina, en las afueras de Santiago, cerca de las montañas, donde tenía una pequeña casa. Víctor visitaba la casa asiduamente y pasaba tardes enteras con ella. Violeta se interesaba por su estilo en la guitarra y su manera de cantar. Lo animó a seguir adelante e incluso concibió la idea de que él y su hijo Ángel tocaran juntos. El proyecto no alcanzó a concretarse, pero Víctor y Ángel se convirtieron en grandes amigos.

Violeta Parra ejerció gran influencia sobre la creación musical de Víctor. Ambos compartían además las mismas ideas sobre el papel que debería jugar el folklore en la creación artística.

Durante 1972, investiga y recopila testimonios en la población "Hermida de La Victoria" los que forman parte de su Lp "La Población" para el sello Dicap. Realiza una gira musical por la Unión Soviética y Cuba. Es invitado al Congreso de Música Latinoamericana organizado por "La Casa de las Américas", en La Habana. Dirige el homenaje a Pablo Neruda, en el Estadio Nacional, al regreso del poeta a Chile, luego de recibir el Premio Nobel. Es invitado por los campesinos de Ranquil para crear una obra musical acerca del lugar. Se incorpora a los trabajos voluntarios con ocasión de la huelga de los camioneros que busca paralizar al país.

En 1973 participa en la campaña electoral parlamentaria, realizando conciertos en favor de los candidatos de la Unidad Popular. Dirige y participa como cantante en un ciclo de programas de televisión en contra de la Guerra Civil y Fascismo, acogiendo el llamado hecho, en ese sentido, por Pablo Neruda. Realiza un gira de conciertos en Perú, patrocinado por el Instituto Nacional de Cultura de Lima. Trabaja en la grabación de sus últimas composiciones para 2 Lps que no alcanzaron a ser editados. Graba el Lp "Canto por Travesura", recopilación del folklore picaresco de Chile, que no alcanzó a salir a la venta.

El día 11 de Septiembre de 1973 , Víctor se dirige a la Universidad Técnica del Estado, su lugar de trabajo, donde cantaría en la inauguración de una exposición, desde la cual se dirigiría al país el Presidente Allende. Los militares rodean el recinto universitario ingresando a él el día siguiente, tomando detenidos a todos los profesores y alumnos que se encontraban en su interior.

Víctor Jara es llevado al Estadio Chile y torturado. Muere acribillado por fuerzas militares el 16 de Septiembre, pocos días antes de cumplir 41 años.

En 1990 la Comisión de Verdad y Reconciliación determinó que Víctor Jara fue acribillado el 16 de septiembre de 1973 en el Estadio Chile y arrojado a unos matorrales en los alrededores del Cementerio Metropolitano ubicado a orillas de la Carretera 5 Sur. Luego llevado a la morgue como NN, donde más tarde sería identificado por su esposa. Sus restos descansan en el Cementerio General de Santiago de Chile. Como homenaje, a 30 años del Golpe Militar, en septiembre del 2003 se puso su nombre al Estadio Chile.

SU OBRA

TEATRO: Entre las obras dirigidas por Víctor Jara se encuentran:

Obras en las que asistió a la dirección:

DISCOGRAFÍA

Discos de estudio

Ediciones póstumas

 

La música de Víctor Jara es hasta hoy, junto a la obra de Violeta Parra, uno de los aportes más consistentes y originales, al desarrollo de la música popular chilena.

Víctor Jara encarna en su creación, las aspiraciones, sufrimientos y reclamos del pueblo. En este plano, él trata de ser una voz colectiva en la que se expresan, se reafirman y se verbalizan los objetivos de su comunidad. Específicamente, en las canciones de Víctor Jara podemos encontrar desde el canto de amor al canto de denuncia, de la plegaria y la canción de anuncio a la sátira cantada, de la vivencia cotidiana a los grandes problemas actuales. En todos los textos, la expresión poética es auténtica, intensa y personal y se expresa en un lenguaje claro y directo.

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Victor Jara
Junio 17, 2009
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“Al pueblo hay que ascender, no descender. Digo esto porque muy a menudo los intelectuales y los artistas tienen actitudes paternalistas o mesiánicas frente al pueblo, lo que constituye un profundo error ideológico, además de una desorientación para saber entregarle lo que le pertenece.”
“Yo ya estaba comprometido como joven. Integraba las juventudes comunistas. Nunca estuve ajeno al quehacer político. Cuando escuchaba algúnos de sus discursos, me sentía identificado con las luchas que ellos se planteaban. Yo venía de un hogar de campesinos, esas vivencias y el poder apreciar de cerca las injusticias y miserias que existían me empujaban a definirme”
“La presencia de Violeta Parra es como una estrella que jamás se apagará. Violeta, que desgraciadamente no vive para ver este fruto de su trabajo, nos marcó el camino; nosotros no hacemos más que continuarlo y darle, claro, la vivencia del proceso actual”
Victor con Intiillimani, en una micro
Victor con Isabel y Angel Parra, 1971
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